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  • Gerardo Javier Garza Cabello

Este soy yo


Esta vez no repasaré escenarios que he creado desde la elegíaca nostalgia de sentir tantas cosas, tal vez me haga falta gritar un poco, quitarle la ficción a lo que se ha vuelto más extraño que la ficción misma, una vida esférica y repetitiva que he decidido caminar como si fuera el único sendero en mi destino, en esta ocasión, quisiera vulnerarme un poco escribiendo en primera persona del singular (no, no es referencia a Murakami), porque en realidad estoy invadido de nostalgia y lo peor de todo, es que ya no sé dé donde proviene lo que siento.


Para entender esto, debo repasar lo más cercano de mi pasado, lo que vibra poco, pero consistente, los recuerdos breves que están anclados en las costas de mi alma; primero y en una cúspide inalcanzable, la insufrible distancia (casi imaginaria) que existe entre mis hijos y yo y aunque parece ser solo una ilusión transitoria que termina cada tercer día, esos lapsos de soledad son más pesados que el tiempo sobre mis hombros, segundo y muy cerca de ese pedestal, aquello que se esfumó el día que me esfume, la convivencia, la cocina llena de música y los sartenes tocando ritmos que bailábamos entre 4, los besos de buenas noches que precedían las charlas interminables que un día terminaron, tu perfume en mi camisa, la levedad del ser (esta si es por Kundera).


Tercero mi pasado más lejano, el que tal vez me marcó al punto de no poder remar hacia el destino que jure recorrería, muerte, ausencia, incertidumbre, incipiente soledad, lágrimas prematuras. Cuanto añoro al pasado, tanto que lo sufro más de lo que lo disfruto, raro que ese almanaque tiene solo sonrisas ¿Pesaría menos si estuviera colmado de tristezas? No lo sé, nunca lo sabré, tendría que preguntarle a aquellos que hayan tenido una linea asíntota a la mía en el camino de su vida. En fin, huelo el mar, le doy una bocanada al aire fresco, respiro y aspiro la calma, pero mi cabeza está en otro lugar, mi cabeza vive su propio universo entre sus demonios y los recuerdos a camas vacías.


Por último, reconocer que lo que he creído solucionaría la tristeza me ha traído más tristeza de la que tenía en un principio, no me puedo enamorar de nuevo desde este bosque tan destruido, tengo que aprender a nutrir la vida que algún día atesore, volver a la fe, cambiar los zapatos, salir a correr y a caminar y voltear a ver amaneceres que ya no he querido mirar, he perdido en el intento de volver a empezar a mujeres que me entregaron esperanza en las manos, mis manos no estaban listas para recibir más que la tristeza de todo lo que no pude ser. Al menos estoy en un proceso de entenderme, de sanarme de volver a abrir mi caja de Pandora a nuevas melodías, solo el amor podrá curarme, pero tendrá que ser amor que crezca hacia adentro.

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