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  • Gerardo Javier Garza Cabello

Luces (que se extinguen) en el alma



Extraño tu rostro, tus ojos, tu sonrisa triste y cercana, me parte como un rayo perdido el recuerdo de tu aroma y lo cálido de tus manos diminutas en mi cuello, me detengo un poco a escuchar tu carcajada en mi memoria a repasar tus miedos, tus gestos, me pongo un tanto nostálgico, enciendo un cigarrillo, me siento encerrado en mi mismo, me repito aquellas historias con las que tu escalaste una montaña de la que no has podido bajar aún, aunque llegamos a estrellas que no conocíamos, se siente mucho más grande el hueco del vacío que aquellas cosas que lo ocuparon alguna vez.


Me tropiezo con las palabras que debo decir para despedirme de ti, me aferro a estar un poco más donde ya no existimos, estiro en mi memoria las últimas risas, repaso tu manera de decir mi nombre, me siento pequeño…debo reconocer que esta será la última carta con tu remitente y quiero que valga la pena y que al menos entiendas al leerla que, aunque de nada te sirva esta confesión, sé que no te olvidaré jamás, me encontraré en cada espacio algo de ti, vives conmigo aunque no estemos juntos, porque estamos benditamente condenados a nosotros, nosotros mismos.


Reconozco al menos que nadie me ha amado como lo hiciste tú, como lo haces, que navegar es preciso cuando se trata de una despedida, debo recorrer una última vez esas calles que compartimos, el breve viaje que tuvimos, el despertar a tu lado, acariciar tu espalda, abrazarte hasta que la luna se cansó de observarnos, cocinar juntos en aquella cocina de leña, tomar una copa y observar constelaciones donde nadie podía escucharnos, tomarte de la mano por la calle y saber que esa ciudad jamás seria la misma para mí, que todo estaba lleno de ti y de mi y del tiempo suspendido como partículas de tierra en el viento.


Extraño tu rostro, tus ojos, tu sonrisa triste y lejana, porque me alejé de ella cuando quería seguir sonriendo por mí, por nosotros, por la extraña casualidad de habernos encontrado, lo diré una vez más y ojalá resuene hasta que termine el mismo tiempo: te amo y sé que me amas y sé que lo más doloroso de este final es que estas luces siguen encendiendo tu alma.

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