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  • Gerardo Javier Garza Cabello

Mientras el mundo cae



Nos sentamos en el parque con más reservas que emociones, aun estando los dos sintiéndolo todo, chocaron universos y sentí una chispa que recorrió mi cuerpo, nunca antes la había sentido.

Nadie lo había notado, pero me había ido apagando poco a poco, ella llegó a tiempo para ver lo que quedó del tipo que fuí, notando esa luz que se iba extinguiendo, quiso rescatar lo que quedaba, reconoció tal vez en mí su mismo ocaso, la realidad es que no puedo negar que despertó algo que ni siquiera sabía que tenía, estaba tan cansado de recordar mejores días, quizá se había cumplido mi penitencia o ya se había cumplido la de ella, pero se estaban viendo cara a cara dos miradas quebradas que decidieron sonreír.


Charlamos hasta que el sol se volvió luna y me lleno un espíritu de magia que me puso nostálgico, nos besamos sin planes de un mañana y un porqué caminábamos tu allá y yo acá, lloré sin motivo camino a casa y sentí como la emoción se volvía tristeza, no sabía porqué, pero sentí una presión que desgarraba, decidí curarme, eras mi grito de ayuda; mientras se alejaba, ella encogía sus hombros, sentía la misma tristeza recorrer su cuerpo… repasé la fotografía mental de sus ojos y decidí tener un sueño ocasional en el que ella y yo teníamos mil minutos jugando a sentir que nos amábamos, sentí una felicidad muy breve llenándome el corazón.


El mundo seguía cayéndose a pedazos, te prometí que estaría ahí para ti, fui tan sincero al hacerlo que volviste a sonreír, me enamoré de tu sonrisa...creamos un almanaque de memorias previas: las tuyas y las mías, le pusimos un empeño sacramental a el deseo de estar juntos, entendimos que la felicidad podía coexistir en la tristeza mientras abrazábamos con una fuerza descomunal el sinsentido de habernos encontrado aquel día, el mundo seguía cayendo pero tu estabas conmigo, yo estaba contigo y era muy tarde para hacer las paces con el destino, quise olvidar aquella pared en la que destroce mis nudillos, quisiste olvidar la puerta de esa habitación de tu infancia.

Encontramos un espacio en el que la sombra de la tristeza no opacara la luz de la felicidad hasta que el amor nos hizo…seguíamos tristes, el mundo seguía cayendo pero estabas conmigo y eso era más de lo que podía pedir.

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