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  • Gerardo Javier Garza Cabello

Un viejo eco


Guarde con recelo por más de 1000 lunas una ventana que se asomara a otro tiempo, aunque fuera un minuto verte bailar de nuevo en la cocina, aspirar una vez más el envolvente aroma de tu vientre, engañar a la vida y arrancarle algunos instantes que ya no eran míos para vivir, volverme vulnerable cuestionando al destino y tener paciencia y fe suficiente para poder saborear el elixir que fue el capítulo con tu nombre y guardar para ti y para mí lo que le quedara a este universo. Saborear tanto este sueño onírico que se vuelva hermoso, cruel y violento… un círculo quebrado y perfecto que nunca fue vulnerable al tiempo, recuerdos multicolor sin fecha de expiración.


Recordar detalles de aquellos días hasta que me cubra la invasiva locura, alargar el espacio y el tiempo de todo el almanaque de recuerdos hasta que se vuelvan cruces compuestas de amor y dolor, alimentándose de átomos dispersos que se quedarán perdidos buscándonos bajo lunas de cobre creciendo en las sombras, confundirme e inspirarme a seguir buscándome en nuevos senderos persiguiendo un viejo eco, mientras trato de encontrar viejas sensaciones en nuevas almas, insistir tanto en reencontrarme contigo hasta que por fin comprenda que no perdí el amor en el camino, el amor era yo.


Detenerme un instante más a besar la locura, con cadencia y pureza, revivir la esencia del primer beso perfecto y aquella charla memorable. Explorar tanto hasta que dos mundos vuelvan a fundirse en uno solo, vivo y delirante. Reflexionar sobre la belleza de las experiencias vividas y las personas que me acompañaron, para darme cuenta de que en todas ellas, el amor era yo. Reconocer que la perfección espera ahí, accesible y cercana, y que en esta ecuación única, la variable indispensable siempre fui yo. Sanar en el intento, hasta que cada nuevo abrazo se impregne de locura y el alma ansiosa vuelva a redescubrir que el amor era yo.

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