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  • Gerardo Javier Garza Cabello

Este (no) es un blues



Cuando las luces más tímidas comienzan a parpadear y el cosmos secuestra mi vista, la curiosa reminiscencia me llama a buscar, iracundo, el olor de la prisa que ya no te arrebata. Ahora estás aquí, en lo eterno, y el viento, con su cómplice aliento, murmura tu nombre en mi oído. La primera estrella se alza en el lienzo monumental mientras su luz envuelve millones de serenatas nocturnas que se han tocado desde que existe el tiempo. Un halo de enigma, un encanto magnético que cautiva, y tus ojos gigantescos, esos luceros fugitivos, reflejan el vasto génesis, y en una sonrisa que oculta secretos ancestrales, te vuelves misterio.


Te vuelves suspiro y te fundes con el azul que oscurece la oscuridad. Eres la noche y todas sus excusas, los ecos de la melancolía y la certeza de nuevos caminos que se redimen en tu resplandor. Tu voz seductora se desliza como un susurro de un día infinito, hipnotizando mi corazón errante, suspendiendo la entropía del tiempo, poniendo en pausa cada rincón del universo, mientras se enreda en mis dedos tu rizo insondable. Desgarro poemas con tu nombre y los amantes te dedican sus sueños, los soñadores anhelan tus constelaciones, y te conviertes en musa de almas que ansían sobrevivir a la prisión de lo cotidiano.


Tenías que ser Luna y colmarme de tu luz plateada, en un abrazo cósmico, mientras los sueños se despliegan en la cromática ola del lienzo de otra realidad. El tiempo se detiene, la eternidad de un instante, y el ritmo de tus pasos se funde con el palpitar de todos los corazones que han latido cuando te observan, cuánto te aspiran, cuando te olvidan. Pero eres fugaz, tu legado perdura en la memoria de otros, en la poesía que se eleva con tu nombre y en el eco inmortal de la canción que escribí para ti.


Trasciendes los límites del tiempo y te conviertes en chispa eterna, para que brilles conmigo hasta que me extinga, hasta que despiertes algún día suspirando mi nombre. Serás la luz que perdurará, que anhelará lo imposible, serás la belleza de lo efímero y arrebatarás el manto de todas las cosas sagradas, hasta que tu espíritu se funda con un centenar de manos invisibles que anhelan tocar un fragmento de tu alma.

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