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  • Gerardo Javier Garza Cabello

Regreso a casa



Con el paso de los años he comenzado a olvidar como se sintió aquella noche en que me rompí por completo, y para mi sorpresa, creo que he reparado mucho más de lo que en ese momento creí que fuera a sanar, sin embargo, en la levedad de mi soledad, me invade una culpa que ya he aprendido a apreciar, de sentir que he superado algo que no debería ser posible superar, entiendo que somos solo un suspiro en el tiempo, que la vida y su fragilidad son un motivo y no un manifiesto y creo que he estado tan perdido, que estar perdido ya es mi rumbo. Se fue disipando el luto furioso que creí me perseguiría eternamente, ya ni siquiera en mis memorias más escondidas esta la rabia esa que invadió mi alma hasta secarla y contraerla. El alma se recuperó, el sentimiento se fue, la tristeza cambio de color:

Aprendí que no me abandonaste, simplemente dejaste de vivir, yo regrese a casa y tú no.


Si soy completamente franco, tuve que vivir lo que seguía en mi vida desde la angustia y en completa ausencia de paz, aun así pude ser pleno en apariencia, lo que es innegable es que el amor me rescato, poco sabia entonces acerca de ese mismo amor que glorificaba, y en la prisa de sentir olvide una obviedad imperante y absoluta, el amor que sentía que me rescataba del abismo no nació para rescatarme, nació con otra pureza y otra alma, ese amor solo quería ser vivido y latir en un mismo latido conmigo… debí apreciar la oportunidad de tener algo tan sagrado y abogar a la absoluta casualidad de vivir algo tan grandioso, al final demande tanto que se fue esfumando como arena entre los dedos y la paradoja llega cuando descubro que aquello que me salvo tuvo que morir en el proceso de rescatarme.


Posiblemente, y desde un lugar menos melancólico, pueda aprender algo de lo que yo supuse era desgracia infinita, que perdí a la persona más importante de mi vida y en el proceso de superarlo he perdido a las otras 2 personas más importantes para mí, fueron mi valija y mi tren sin boleto de regreso, el olor a vermut y la sonrisa desgastada y un espíritu profético y extrañamente optimista me asegura que aunque jamás volveré a ver a mi hermano y que sequé esa fuente de amor que me impulso a sonreír de nuevo, yo volveré a casa a tratar de volver a ser feliz.

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